
Autor: Paola Arvelo
Mitos y verdades sobre la caza en España
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Cuatro críticas que se repiten sobre la caza en España, con la respuesta de los cazadores y los datos que permiten contrastarla.
La caza genera muchos debates, en su favor o en su contra, pareciera que nadie puede dejar de hablar de ella. Pero la verdad es que los argumentos que la apoyan son numerosos, tan numerosos como las mentiras dichas en su contra. Para entender mejor esta controversia, puedes leer más sobre el debate entre cazadores y animalistas.
El rechazo hacia la actividad cinegética crece con el pasar del tiempo, sin comprenderse las importantes raíces que tiene la caza en nuestra historia, cultura y presente. Pensar que la caza es una tradición antigua que debe morir, es renegar de una gran realidad que no cambiará: los cazadores siempre han existido, y seguirán existiendo. En 2023 había en España 891.889 licencias de caza en vigor y un mínimo estimado de 577.742 cazadores, según el estudio de Deloitte para la Fundación Artemisan, aunque el análisis del Ministerio de Agricultura observa una tendencia a la baja en las licencias. De hecho, aquí te explicamos 10 motivos por los que la caza es necesaria actualmente.
Así que, estas son algunas mentiras que se suelen esparcir sobre la caza, para alentar a la desinformación. Todas ellas son dignas de reflexión, porque analizar estas ayudará a comprender honestamente el rol del cazador en la sociedad moderna española. En cada una añadimos lo que dicen los datos, también cuando dan parte de razón a quien critica.
"La caza es un capricho, no una necesidad"
Se debe empezar analizando que la caza ha sido parte de la humanidad desde hace miles de años. Mucho antes de que el humano descubriera la agricultura, estos cazaban, pescaban y recolectaban para subsistir. La llegada de los primeros cultivos cambió el modo de vida de los humanos, después la caza fue perdiendo su fuerza porque surgió una alternativa más productiva y que requería menos esfuerzo para comer carne, la ganadería.
El tiempo continuó avanzando y el papel de la caza en la sociedad fue avanzando del mismo modo. Puede que todavía ciertos grupos aborígenes esparcidos por el mundo vivan de la caza y la recolección, pero de manera general, la caza ha perdido su función proveedora principal.
Un cazador podrá comer su presa, sin que esto sea una necesidad. Por este motivo, algunos animalistas llaman a la caza como algo innecesario, y un simple capricho de quienes disfrutan de ella. Sin embargo, llamar a la caza un capricho, es inapropiado porque los cazadores ven a la caza como una actividad que merece respeto y ser practicada con el mismo respeto.
La caza puede ser considerada como una disciplina deportiva si se recuerda que requiere de una buena condición física, resistencia, habilidades de puntería, se compite con otros cazadores y existen reglas a seguir. En España es además una actividad federada, con 330.423 cazadores federados en 2023 y campeonatos propios, aunque una jornada normal de caza no es una competición. Un cazador exitoso, debe ser disciplinado, aprender todos los días, y respetar a la naturaleza conociéndola. No se está hablando de un capricho, se está hablando de una actividad tradicional de extenso legado y suma organización que muchas veces es criticada injustamente.
"La caza es una excusa para destruir al mundo rural"
Otra mentira que es muy repetida, es cómo la actividad cinegética es usada como excusa para destruir al mundo rural. Esta es una falsedad que se debilita al analizar cómo funcionan los pueblos españoles cuya economía depende en buena parte de la caza.
Muchos pueblos españoles siguen apoyándose en la caza: de septiembre a marzo, según la comunidad y la modalidad, sus economías se reactivan. Haciéndolo de tal manera que sus infraestructuras son capaces de mantenerse en buen estado por el resto del año.
También se generan ganancias a muchos negocios en pueblos pequeños como a las armerías, o a aquellos negocios que no están relacionados directamente con la actividad como hoteles, bares y transportistas. Todos ellos reciben ganancias por el turismo que genera a su pueblo la actividad cinegética. Si te interesa saber más sobre los lugares donde se practica la caza, puedes leer sobre los cotos de caza.
Un cazador está obligado a conocer el campo, cómo funciona, y qué le hace bien. Gracias a ellos, muchos caminos se mantienen despejados durante todo el año, para que puedan acceder a lugares recónditos a cazar; o invierten continuamente en la prevención de incendios forestales, por motivos evidentes. El estudio de Deloitte calcula que los cerca de 32.000 cotos de España invierten 289 millones de euros al año en medidas de gestión, con partidas como cortafuegos, señalización, podas y reforestaciones. Es decir, al mismo tiempo que el cazador practica la actividad cinegética, deja tras de sí una contribución al mundo rural. La caza es una actividad en donde se trabaja en comunidad por el beneficio de todos los involucrados, si no, se habría extinguido hace mucho tiempo.
La caza mueve mucho dinero, pero la cifra depende de cómo se mida. El estudio de Deloitte para la Fundación Artemisan, encargado por el propio sector y publicado en 2025 con datos de 2023, le atribuye un gasto de 8.699 millones de euros, 10.190 millones de PIB, 199.000 empleos mantenidos, 45.642 de ellos directos, y 1.200 millones de euros en impuestos. El análisis del Ministerio de Agricultura, de abril de 2026, compara esos 10.190 millones con estimaciones anteriores de unos 1.258 a 5.470 millones de euros y concluye que, con cifras tan distintas, no se puede estimar el valor económico de la caza. Lo que sí destaca es su papel para dinamizar el entorno rural.
Además, los cazadores también invierten en la naturaleza: a los 289 millones de los cotos se suman más de 31 millones de euros de federaciones y asociaciones en programas de conservación y protección del medio natural y de especies amenazadas, siempre según el estudio de Deloitte.
"La caza se dedica a limitar los derechos de los demás ciudadanos"
El debate de la caza suele dividirse entre quienes la practican y quienes no la practican, el último grupo asegura que los cazadores limitan sus derechos al apoderarse de espacios públicos para practicar la actividad cinegética. Esto es una verdad a medias. Un coto no convierte el campo en un terreno cerrado: los caminos de uso público y las vías pecuarias son zonas de seguridad, donde el reglamento estatal, que se aplica de forma supletoria, prohíbe o limita el uso de armas. Pero hay días en los que una cacería sí restringe el paso, como se explica más abajo.
También se tiene que considerar que el lecho del río es una zona de seguridad: la norma estatal incluye las aguas públicas, con sus cauces y márgenes, para proteger a las personas y sus bienes. Allí se permite usar armas de caza salvo que haya peligro para personas, ganado o animales domésticos, pero si esas aguas atraviesan un terreno de régimen especial, como un coto, o lindan con él, no se puede cazar en ellas, con alguna excepción. Cada comunidad lo concreta a su manera: la ley de Castilla y León no las incluye en su lista de zonas de seguridad. Muchas de estas zonas son, además, lugares de alimentación, reproducción y descanso de diversas aves acuáticas.
Los cazadores no disfrutan, ni quieren limitar los derechos de los demás, tampoco piden un acceso preferencial a los bosques públicos. Incluso, un cazador tendría que pagar por ello. En general, la cacería es una actividad que necesita de inversión. Casi 43 millones de hectáreas, el 85 % del territorio, son terreno cinegético, pero la oferta privada supera en más de seis veces a la pública. Un coto de caza público es un recurso muy limitado, y el pago de su tasa lo evidencia.
Del mismo modo, un cazador no se dedica durante todos los meses del año a cazar. La caza depende de cientos de factores para determinar su frecuencia. Si se desea practicar la caza mayor, esta requiere menos salidas que la caza menor, o si se desea cazar a un espécimen específico, las temporadas de caza están reguladas según la región y la especie. Ni hablar de los periodos de veda o de las licencias, o de las preferencias del cazador al ser este un hobby ocasional o más frecuente según su tiempo libre. Según la encuesta del estudio de Deloitte, en 2023 un cazador dedicó de media 16 días a la caza mayor y 19 a la caza menor.
En resumen, se podrá ver con más frecuencia en un bosque público a caminantes y ciclistas, que a un cazador.
¿Se puede pasear por un coto de caza?
Sí, por los caminos de uso público. El coto marca quién tiene el derecho de caza, no quién puede transitar por un camino público; en los carriles privados decide su titular. Lo que cambia es el día de una cacería colectiva, y ahí cada comunidad tiene su norma.
En Castilla y León, por ejemplo, las monterías, los ganchos, los ojeos y otras cacerías colectivas tienen prioridad sobre los demás usos del terreno, salvo un acuerdo entre propietario y titular o una actividad autorizada antes, y queda prohibida la entrada de personas ajenas en la zona de caza. A cambio, en las monterías, los ganchos y los ojeos con arma rayada las vías de acceso deben señalizarse antes de empezar, y los cazadores deben suspender la caza si hay peligro. Si ves un cartel de montería o batida, no pases: es por tu seguridad. Quien caza tiene sus propias obligaciones, que repasamos en seguridad en la caza.
"Por la caza, muchos perros son abandonados y maltratados"
El abandono y maltrato hacia los perros es un grave problema, aunque uno que tiene toda España. A pesar de los avances en la legislación y campañas de conciencia social, es un daño que persiste. Muchas personas podrán adquirir perros sin ser conscientes de la responsabilidad que implica tenerlos.
Las cifras no son un censo y conviene leerlas con cuidado. El estudio sobre la gestión de la protección animal del Ministerio de Derechos Sociales, con datos de 2023 de 284 ayuntamientos y protectoras, registró 18.764 entradas de perros: el 12,9 % eran de razas de caza y el 2,8 %, galgos. En las protectoras, las razas de caza suben al 22,3 %, frente al 9,3 % de los ayuntamientos. Ese dato habla de la raza del perro, no de si su dueño cazaba. PACMA contó 12.295 perros de razas de caza en 194 protectoras en 2022, y el último estudio de la Fundación Affinity sitúa el fin de la temporada de caza en el 10,5 % de los motivos de abandono conocidos, por detrás de las camadas no deseadas, la pérdida de interés y los cambios de domicilio. Es decir, los perros de caza no son la mayoría de los abandonados, pero el problema existe.
Pero acusar de esto sólo a los cazadores, es un desacierto. Los perros de caza suelen nacer y crecer con sus dueños. Las razas enfocadas a la caza, tienen un temperamento particular, el cual obliga a sus dueños a criarlos desde muy pequeños, y educarlos de la misma manera. Para conocer más sobre este tema, te invitamos a leer sobre las mejores razas de perro para caza menor y mayor.
Un cazador conoce al perro que tiene, el tiempo invertido en su entrenamiento y los lazos emocionales que desarrolla con éste al verlo crecer; e incluso, lo trata como parte de su familia. Un perro de caza, es más que un perro de caza, es un compañero de hogar, uno que es educado, adiestrado y cuidado desde cachorro para fomentar su lealtad.
Un buen cazador valorará el estado mental y la condición física de su perro, admitirá que gran parte del trabajo físico es realizado por ellos y merecen estar en las mejores condiciones posibles, lo que incluye vigilar las afecciones más comunes en los perros de caza. Tristemente, esto es algo que no todos practican, no obstante, es bueno reiterarlo, este no es un problema exclusivo de los cazadores.
La ley también lo contempla. El Código Penal castiga a quien abandone a un animal vertebrado bajo su responsabilidad en condiciones en que pueda peligrar su vida, con multa o trabajos en beneficio de la comunidad e inhabilitación para tener animales. Los perros de caza, las rehalas y los animales auxiliares de caza, en cambio, quedan fuera de la ley estatal de bienestar animal y se rigen por su normativa europea, estatal y autonómica.
Preguntas frecuentes sobre los mitos de la caza
¿Cuánto dinero genera la caza en España?
Depende del estudio. El de Deloitte para la Fundación Artemisan, encargado por el sector, calcula 10.190 millones de euros de PIB y 199.000 empleos en 2023. El Ministerio de Agricultura compara esa cifra con estimaciones anteriores más bajas y concluye que no permiten fijar un valor.
¿Se puede pasear por un coto de caza?
Sí, por los caminos de uso público. En los caminos privados decide su titular. El día de una cacería colectiva puede restringirse el paso: en Castilla y León, por ejemplo, queda prohibida la entrada de personas ajenas en la zona de caza. Respeta siempre los carteles de montería o batida.
¿Se puede cazar en un río?
Depende de la comunidad. La norma estatal considera zonas de seguridad las aguas públicas, con sus cauces y márgenes, y permite usar armas salvo que haya peligro, aunque no se puede cazar en ellas si atraviesan un coto o lindan con él, con alguna excepción. Cada comunidad lo concreta en su ley de caza.
¿A cuántos metros de una vivienda se puede cazar?
Depende de la comunidad. El reglamento estatal, de aplicación supletoria, prohíbe usar armas de caza en los núcleos urbanos y rurales y en una franja de 100 metros desde sus últimas edificaciones, y en 50 metros alrededor de los edificios habitables aislados. En Castilla y León, la franja alrededor de los núcleos de población es de 150 metros.
¿Cuántos perros de caza se abandonan en España?
No hay un censo. En el estudio del Ministerio de Derechos Sociales, con datos de 2023 de 284 centros, el 12,9 % de los perros recogidos eran de razas de caza y el 2,8 %, galgos. Es un porcentaje de esa muestra y habla de la raza del perro, no es una cifra nacional de perros de cazadores.
¿La ley de bienestar animal protege a los perros de caza?
La Ley 7/2023 excluye de su ámbito a los perros de caza, las rehalas y los animales auxiliares de caza, que se rigen por su propia normativa. El Código Penal sí castiga el abandono de un animal vertebrado en condiciones en que pueda peligrar su vida.